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jueves, mayo 20 

La tele antes de dormir

Hoy, con permiso de la bruja Lola, Rappel, y demás jauría de engañabobos, vengo a pronosticar el futuro. Eso sí, sin cartas, sin bola, y sin varita. Simplemente usando el momento que he bautizado como: "La tele antes de dormir".

Por si el nombre no es lo suficientemente claro, "La tele antes de dormir", es esa que se ve justo entre el "no tengo demasiado sueño" y el "tengo más que uno que tuviera mucho". En mi caso, además, también sirve como momento de encuentro entre compañeros del piso, generalmente entre Pablo y yo. Un momento en el que echar unas risas, tomar unos vinos, y hacer un poco de vida en "familia". Durante este tiempo la tele forma parte del cuadro, encendida, "que no entretiene, pero acompaña", que dicen muchos.

Y durante todas estas noches, y noches anteriores, en la tele siempre nos aparecía el mismo tipo, que si bien al principio entretenía, ahora se había quedado en el ya citado: "que no entretiene, pero acompaña". Un tipo, que en España se ha ganado el respeto, la envidia, el odio y el asco de mucha gente. Un tipo, que cuando vestía de marrón, hacía un programa diferente, entretenido, y que cuando empezó a vestir de negro, fue volviéndose más y más rancio. Llegando así hasta la actualidad. Sin embargo, en esto, también es digno de admiración, porque, incluso en el revolcarse sobre la mierda hay que reconocerle estilo. Lo haces mejor que nadie. Pero no nos engañemos, el espectador es cruel, despiadado, y sobre todo, no le gusta oler a mierda antes de dormir, no le divierte ver todas las noches a los mismos tipos gritando, y no le hacen gracia los mismos chistes, gastados, manoseados, una y otra vez. Porque hay que admitir Sardá, que has sabido renovarte con los tiempos, que has cambiado tu programa, igual que ha cambiado la tele: de algo casi digno, a una basura. Eso sí, la tuya la mejor basura, una basura sobervia.

Sin embargo, cíclico es el destino, que hace aparecer a un tipo, que ni viste de negro, ni quiere oler a mierda, y que tiene un objetivo claro: hacer reir, y reirse él mismo, antes de dormir. Para conseguirlo hace un programa dónde lo menos que puedes hacer es descojonarte. Un programa, que empezó por una edicición a la semana, vestidos de chandal, como el que no se da importancia, ya va por dos, y algo me dice que llegará a tres, quién sabe si a cuatro. Un programa sencillo, ameno, gracioso, hecho entre amiguetes, de estos que enganchan, que lo ves y dices: "joder si podían estar tomándose unas cervezas, pero están haciendo tele".

Así que no puedo dejar de ver a estos del "UHF", porque yo en el mientras estoy tomando una sidra, o un vino dulce, con Pablo, haciendo las mismas coñas que ellos, sobre los mismos u otros temas, y pensando que afortunadamente, después de muchos años de televisión en chaqueta negra, vuelve la televisión en chandal, la de andar por casa, que a esas horas, nadie viste de smoking. Espero que lo consigan, que jodan al de negro, que ya tiene suficientes pelas, y sobre todo, que si hay algo más divertido que construir dioses, es verlos caer.